A las busetas hispanas, guaguas los llamamos comúnmente, mientras que en inglés las llaman “jitneys”, les ha llegado la hora de ponerse en vereda. Y aquí los justos no pagan por los pecadores, como debe ser.
Aclarando siempre: hay choferes corteses y ‘drivers’ mujeres que da gusto viajar en sus vehículos, que sí entran en el reino de los justos. Pero, como dicen en mi tierra, al que le caiga el guante que se lo chante.
La ira de Dios no llega a los choferes malcriados, a los buses que huelen mal, a su ventilación deficiente que en éste verano asemeja los dominios del mismo infierno, a la pelea diaria por los pasajeros o, entre otras ‘perlas’, a los que hacen trastabillar a las ancianas porque el bus arranca antes que se sienten.
A algunos ya les ha caído la ley. Pero al cierre de ésta edición, la espada del ángel Gabriel de la División de Asuntos del Consumidor del estado de Nueva Jersey, les ha dejado sentir su peso por no tener visible los teléfonos para denunciar ante esa oficina las mil y una vejaciones, malacrianza y ataques que reciben los pasajeros a diario.
Estos son: Emelys Transportation, LLC: Hasan Tamimi, Community Lines, Inc; Azael Alvarado; Marina Transit Corp.; Walter Carranza; Boulevard Lines, Inc.; Victor Lara aka VL Services: Orlando Villanuevazurita; Amigo Transit, LLC; Samuel Salgado; Ekramy Elgendy; José Rodriguez; Luis Portalatinmendoza; Joseph Transporte, Inc; Claudio Paguay; y NV Bus Service, Inc.
Los pongo aquí, porque es donde deben estar: asándose en la caldera de la opinión pública. Y para que quienes hagan bien las cosas no terminen enredados en la misma canasta.
No voy a decir que es un castigo divino enviado del más allá por la pequeña Angelie Paredes, que murió, en julio del 2013, a manos de un chofer estúpido, que manejaba y al mismo tiempo contestaba el teléfono móvil en West New York, eso hay que dejarlo para los predicadores de la avenida Bergenline.
Pero si es una consecuencia de la Angelie’s Law, pieza legislativa que se elaboró y firmó a raíz de la muerte de la pequeña: para que las personas que viajen, que viajamos, en estos vehículos, reporten a las autoridades cuando algún irresponsable chofer cometa una infracción. Eso también es defender los derechos humanos.
Cada uno pagará multas de $1,000 dólares, gracias a esa práctica estadounidense que es el mejor castigo secular que se ha inventado: si cometes una infracción pagas con el dinero que te has ganado con el sudor de tu frente. Además pagarán $176.87 por los costos de investigación. Que te duela en el bolsillo.
Repito para los choferes responsables deben llover los premios y reconocimientos, para ver si así motivamos al resto. Que así los diplomas de “reconocimiento” que se regalan, o se venden, en algunos eventos donde te premian si compras el derecho a sentarse, y comer, en una mesa tú y seis o 10 invitados, harían mejor servicio a la comunidad. Ustedes saben de qué hablo.
GERY VEREAU / New Jersey Hispano
Publicado el 06 Agosto 2015
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