Cazorla + Saleme: arte público con identidad migrante 

El dúo Latinx transforma espacios urbanos en escenarios de memoria, pertenencia y justicia social para las comunidades inmigrantes 

Patricia Cazorla y Nancy Saleme, han dedicado su práctica a transformar espacios públicos en escenarios donde las historias de comunidades trabajadoras e inmigrantes cobran visibilidad y dignidad.

Por Flor Almonte | New Jersey Hispano | Colaboradora 

Cazorla + Saleme no solo crean arte: crean espacios de memoria, pertenencia y diálogo. El dúo Latinx, integrado por Patricia Cazorla y Nancy Saleme, ha dedicado su práctica a transformar espacios públicos en escenarios donde las historias de comunidades trabajadoras e inmigrantes cobran visibilidad y dignidad. 

Su obra, que combina escultura, pintura, diseño espacial e instalaciones de gran escala, trasciende la estética. Cada proyecto es una invitación a que el público se reconozca en el paisaje urbano que habita. Para ellas, el arte público no es decoración: es narrativa colectiva. 

Una historia compartida 

La colaboración entre ambas surgió de manera natural. Más que colegas, son familia. 

“Pat es mi sobrina y crecimos juntas, así que compartimos una larga historia”, explica Saleme. La familia es originaria de Perú, pero ambas crecieron en Venezuela. Mientras Nancy estudiaba arte y luego se desarrollaba como diseñadora textil industrial en Caracas, Patricia soñaba con seguir sus pasos y estudiar arte en París. 

En 1995, rumbo a la capital francesa, hicieron una parada en Nueva York. Nunca imaginaron que esa escala se convertiría en destino. Treinta años después, siguen creando desde esa ciudad que terminó fusionando sus mundos. 

Antes de formalizar su colaboración, ambas ya habían impulsado espacios gestionados por artistas, galerías y exposiciones tanto a nivel local como internacional. La combinación de sus fortalezas —Patricia como pintora con dominio de herramientas digitales y Nancy como escultora con experiencia en diseño espacial— dio lugar a un equilibrio orgánico entre lo bidimensional y lo tridimensional. “Convertirnos en dúo fue algo destinado a ser”, afirman. 

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Migración, memoria y conciencia social 

Sus trayectorias personales están marcadas por contrastes. Patricia creció en la Venezuela próspera previa al chavismo, rodeada de arquitectura moderna y acceso a importantes instituciones culturales. Nancy, por su parte, vivió de cerca la riqueza textil del Perú y los conflictos políticos de finales de los años setenta. 

En Nueva York, esas experiencias convergieron. La ciudad les ofreció diversidad, ritmo e intensidad cultural, elementos que hoy se reflejan en una obra que equilibra tradición, modernismo, academia y diseño. 

Pero fue el contexto social el que marcó un giro decisivo en su práctica. Tras los atentados del 11 de septiembre, recuerdan, “fue como si se nos arrebatara la inocencia”. El discurso sobre vigilancia, miedo y guerra permeó la vida cotidiana y transformó el sentido de su trabajo. 

En 2010, frente a la aprobación de la ley migratoria S.B. 1070 en Arizona —que permitió la perfilación étnica y afectó de manera desproporcionada a comunidades racializadas— decidieron formalizar su colaboración artística para abordar estas injusticias. Desde entonces, su obra está profundamente anclada en la reflexión social y la experiencia migrante. 

Una calle de la comunidad inmigrante.

El poder transformador del arte público 

Para Cazorla + Saleme, trabajar en el espacio público es una elección consciente. “El arte público llega a personas que quizá nunca entrarían a un museo, y eso lo cambia todo”, explican. 

Muchos de sus proyectos se desarrollan a través de talleres y procesos colaborativos. En Threading a Dream (2018), por ejemplo, trabajaron con la comunidad de Sheboygan, Wisconsin, compartiendo memorias y tradiciones antes de crear una pieza tridimensional permanente con edificios emblemáticos de la ciudad. El resultado no fue solo una obra, sino un símbolo adoptado y cuidado por sus propios residentes. 

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Han sido testigos de cómo el arte puede ofrecer consuelo y esperanza. En Flying High for Equality (2017–18), instalaron gorriones monumentales en el Joyce Kilmer Park del Bronx, frente a edificios judiciales asociados con momentos difíciles para muchas familias. Las esculturas coloridas contrastaron con la solemnidad del entorno y funcionaron como un respiro visual y emocional para quienes atravesaban procesos complejos. 

“El arte público es como tener un museo abierto 24 horas al día, gratuito y accesible para todos”, señalan. 

Identidad cultural en color y forma 

La identidad cultural atraviesa su obra tanto en el contenido como en la estética. Sus paletas vibrantes evocan la luz tropical, los textiles andinos y los paisajes caribeños. Los temas de migración, resiliencia, memoria y alegría colectiva aparecen en narrativas visuales que combinan arquitectura, naturaleza y figura humana. 

Incluso los materiales comunican significado. Lentejuelas, superficies reflectantes y texturas superpuestas hablan de celebración, pero también de transformación y supervivencia. 

En proyectos como Spectrum of Joy (2022), comisionado para la Biblioteca Pública de Newark, se transformó un estacionamiento vacío en un patio lúdico y colorido. Con el tiempo, observaron cómo niños y familias comenzaron a apropiarse del espacio como lugar de encuentro, descanso e imaginación. “Ver a las personas sonreír y sentir pertenencia es una de las mayores recompensas de nuestro trabajo”, comparten. 

En Flying High for Equality (2017–18), instalaron gorriones monumentales en el Joyce Kilmer Park del Bronx, frente a edificios judiciales asociados con momentos difíciles para muchas familias.

Mirando hacia el futuro 

El dúo inicia una nueva etapa con el respaldo de una oportunidad que les brindará dos años de apoyo para expandir su práctica. Planean continuar desarrollando su serie sobre inmigración, alternando entre instalaciones, obras de galería y libros de artista que documenten la transformación urbana y la memoria comunitaria. 

También colaboran en proyectos vinculados a espacios públicos de Newark y exploran nuevas obras escultóricas y de medios mixtos que integran luz, color y arquitectura. 

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A jóvenes artistas Latinx que desean incursionar en el arte público, les ofrecen un consejo claro: preservar la autenticidad. “No olviden sus raíces ni las historias que los formaron. El arte público conlleva responsabilidad: le habla a todos”. 

Para Cazorla + Saleme, el arte es una herramienta para hacer visible lo que muchas veces permanece ignorado. En cada instalación, en cada color vibrante y en cada espacio transformado, reivindican el derecho colectivo a la belleza, la paz y un futuro mejor. 

Puedes seguir a este dúo en Instagram: @patcazola 


Publicado el 2 de Marzo del 2026


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